Parámetros de descarga: DBO, DQO, SST, grasas y aceites

DBO

Cuando una industria analiza sus aguas residuales, no basta con saber si el agua se ve limpia o si el sistema está operando. Lo que realmente define el impacto ambiental, el cumplimiento normativo y la eficiencia del tratamiento son ciertos parámetros de descarga, entre ellos la DBO, la DQO, los SST y las grasas y aceites.

Estos valores no son solo números en un informe de laboratorio, ya que reflejan la carga real de materia orgánica, la cantidad de oxígeno necesaria para su degradación y el comportamiento del efluente una vez que entra en contacto con un cuerpo de agua o con un sistema de tratamiento. Entenderlos bien permite tomar mejores decisiones técnicas y operativas. ¡Te explicamos todo lo que necesitas conocer!

DBO: el indicador clave de la carga orgánica

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La DBO o Demanda Bioquímica de Oxígeno, indica la cantidad de oxígeno necesaria para que los microorganismos degraden la materia orgánica biodegradable presente en las aguas residuales, normalmente en un periodo de cinco días (DBO₅).En términos simples, la DBO responde a una pregunta clave: ¿Cuánto oxígeno necesita el agua para limpiarse de forma biológica?

¿Qué nos dice realmente la DBO? 

  • Mide el nivel de contaminación orgánica biodegradable.
  • Permite estimar el impacto del efluente sobre ríos y lagos.
  • Indica la carga que deberá asumir un tratamiento biológico.

Cuando la DBO es alta, el consumo de oxígeno aumenta y el oxígeno disuelto disponible para la vida acuática disminuye, generando riesgos ambientales importantes.

¿Por qué la DBO es crítica en las descargas industriales?

La demanda biológica de oxígeno es uno de los parámetros más vigilados por la normativa ambiental porque está directamente relacionada con la salud de los cuerpos de agua.

Riesgos asociados a una DBO elevada 

  • Agotamiento del oxígeno disuelto en ríos y lagunas.
  • Mortandad de organismos acuáticos.
  • Ineficiencia o colapso de procesos biológicos mal dimensionados.
  • Incumplimiento de límites máximos permisibles.

Por eso, reducir la DBO desde el pretratamiento y controlar su comportamiento a lo largo del proceso es fundamental para cualquier planta de tratamiento.

DQO: una visión más amplia de la contaminación

La DQO- Demanda Química de Oxígeno, mide o indica la cantidad de oxígeno necesaria para oxidar químicamente la materia orgánica total presente en las aguas residuales, incluyendo tanto la fracción biodegradable como la no biodegradable.

Por eso, es un parámetro muy útil cuando se necesita entender la carga real del efluente, incluso aquella que un tratamiento biológico por sí solo no siempre logra remover.

Diferencia entre DBO y DQO

  • DBO: refleja la materia orgánica biodegradable, es decir, la que los microorganismos pueden degradar.
  • DQO: considera la materia orgánica total, incluyendo compuestos más resistentes a la degradación biológica.

Además, la demanda química de oxígeno se obtiene en menos tiempo que la DBO, lo que la convierte en una herramienta práctica para monitoreo y control operativo, especialmente cuando se busca detectar contaminantes que requieren apoyo físico-químico o ajustes en el proceso de tratamiento.

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SST: sólidos suspendidos totales y su efecto operativo

Los SST conocidos como Sólidos Suspendidos Totales, agrupan todas las partículas sólidas que no están disueltas en el agua. A simple vista pueden parecer un problema menor, pero en la práctica son una de las causas más frecuentes de sobrecarga y desgaste en sistemas de tratamiento.

¿Por qué los SST afectan al tratamiento?

  • Incrementan la generación de lodos, elevando costos de manejo y disposición.
  • Provocan desgaste y obstrucciones en bombas, tuberías y válvulas.
  • Reducen la eficiencia de los reactores biológicos, porque aumentan la carga física que el sistema debe procesar.
  • Aumentan el consumo energético, al forzar al sistema a operar con mayor esfuerzo.

En este contexto, controlar SST desde el inicio es clave, especialmente a través de pretratamiento de aguas como sedimentación, cribado o flotación.

Grasas y aceites: un contaminante silencioso

Las grasas y aceites son comunes en diversas aguas residuales industriales, especialmente en la industria alimentaria, cárnica, pesquera y procesos donde existen emulsiones. El problema es que muchas veces no se detectan “a simple vista” hasta que el sistema empieza a perder rendimiento.

 Impactos de grasas y aceites en el sistema 

  • Interfieren con la transferencia de oxígeno, afectando procesos biológicos.
  • Dificultan la degradación biológica, al formar capas que aíslan la materia orgánica.
  • Incrementan DBO y DQO, elevando la carga contaminante del efluente.
  • Generan olores y acumulaciones, que terminan afectando equipos y operación.

Su remoción temprana, por separación, flotación o físico-químico, protege el sistema y evita problemas recurrentes en las plantas de tratamiento de agua.

Oxígeno disuelto: el equilibrio del proceso

El oxígeno disuelto es el combustible de los procesos biológicos, debido a que, sin él, los microorganismos no pueden degradar de forma eficiente la materia orgánica. De hecho, su relación con la DBO es directa ya que si la demanda aumenta y el oxígeno disponible no acompaña, el sistema pierde estabilidad.

 Y cuando el oxígeno no es suficiente, aparecen condiciones anaerobias, que cambian el comportamiento del tratamiento, se generan olores y gases indeseables, afectando el ambiente de operación, disminuye la eficiencia del tratamiento, y el efluente puede salir fuera de parámetros controlados por el MATTE.

Por esta razón, mantener un balance adecuado entre oxígeno DBO y carga orgánica ayuda a sostener una operación estable y predecible.

Parámetros de descarga y cumplimiento normativo en Ecuador

Los parámetros como DBO, DQO, SST, grasas y aceites no se miden solo por requisito: son los indicadores que usa la autoridad para verificar si tu efluente puede descargarse sin comprometer la calidad del cuerpo receptor o el sistema de alcantarillado. En la práctica, estos valores también funcionan como un tablero de control de tu planta de tratamiento de agua potable o residual, cuando se salen de rango, suele haber un problema de carga, operación o pretratamiento.

En Ecuador, el Libro VI del TULSMA establece los límites máximos permisibles y los criterios técnicos para descargas, pero el punto clave  y muchas veces subestimado es que los requisitos varían según el destino del efluente: no es lo mismo descargar a un cuerpo de agua que a un alcantarillado, y tampoco se evalúa igual un sistema con caudal estable que uno con alta variabilidad. Por eso, el cumplimiento no depende únicamente de alcanzar un número, sino de sostenerlo en el tiempo, con operación consistente y evidencia de monitoreo.

Mientras que el Código Orgánico del Ambiente (COA) refuerza esta lógica y define obligaciones de prevención, control, monitoreo y responsabilidad ambiental para actividades industriales. Y cuando existe relación con abastecimiento o salud pública.

A nivel internacional, las guías de la OMS se utilizan como referencia técnica principalmente para estándares relacionados con protección de la salud y calidad de agua para consumo humano, lo cual es especialmente relevante cuando existe riesgo de afectación a fuentes de abastecimiento.

¿Cómo reducir estos parámetros de forma eficiente?

Para reducir DBO, DQO, SST y grasas y aceites de forma sostenible, conviene mirar el tratamiento como un sistema completo. No se trata únicamente de bajar un número para el informe, sino de entender qué está aportando cada corriente al efluente, elegir tecnologías coherentes con esa realidad y acompañar el proceso con monitoreo para evitar sorpresas.

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Estrategia técnica recomendada

  • Empieza por el pretratamiento: controlar SST, grasas y aceites desde el inicio evita que el resto de la planta trabaje “de más” y se vuelva inestable.
  • Refuerza con físico-químico cuando sea necesario: si la DQO incluye fracciones no biodegradables o emulsiones complejas, los procesos físico-químicos ayudan a remover lo que un biológico no puede tratar por sí solo.
  • Ajusta el tratamiento biológico con criterio: la relación DBO/DQO es una guía práctica para definir qué tan tratables son las aguas residuales y qué tan eficiente será un proceso biológico. Controla variaciones de caudal y carga orgánica: la operación se vuelve mucho más estable cuando se gestionan picos y cambios bruscos en el caudal de agua residual y la carga de materia orgánica.

Para profundizar en el tema, puedes revisar nuestros artículos sobre pretratamientos de aguas residuales y planta de flotación por aire disuelto (DAF), dos enfoques clave para mejorar el desempeño desde la primera etapa y sostener resultados en el tiempo.

Al final, DBO, DQO, SST, grasas y aceites no son solo parámetros técnicos: son señales. Leídos correctamente, revelan si una planta opera con estabilidad o si existe una carga que se está acumulando de forma silenciosa hasta convertirse en un problema operativo o ambiental.

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